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Pie infantil

El pie de un niño nunca se debe comparar al pie de un adulto. La morfología, la evolución y el pronóstico de la patología pediátrica dista de la patología de un adulto. La evolución hacia la curación o a la cronificación de una patología dependerá siempre de si el diagnóstico y tratamiento de las patologías que pueda presentar un pie infantil se ha realizado de manera precoz.

El pie de la población pediátrica, que se encuentra en crecimiento, tiene una gran capacidad plástica. Gracias a esta característica y su gran adaptabilidad, las alteraciones presentadas en los primeros años de vida pueden corregirse. Según el crecimiento va avanzando, según dictaminan las leyes óseas, los núcleos de crecimiento se cierran e instauran las patologías de por vida. Por tanto el tratamiento precoz es esencial para lograr la corrección completa.  Incluso un pie zambo, donde el pie se encuentra completamente desestructurado, se puede reeducar fácilmente mediante yesos tras el nacimiento.

 

Por este motivo, el pie de un niño no se debe descuidar. Se debe realizar un análisis completo en la infancia, en MG Clínica do pé, recomendamos acudir a la primera consulta entre los 4 y 5 años, aunque aparentemente no se observe nada patológico. Del mismo modo que se realiza una revisión oftalmológica u odontológica.

El pie infantil pasa por varias fases evolutivas que pueden, para los padres, parecer patológicas. Una, la preandante, y otra, una vez se inicia la deambulación. En la fase preandante, el niño muestra su pie en la posición en la que ha estado dentro del útero materno y su disposición, por lo general, va a ser con las puntas de los pies hacia dentro y hacia abajo.

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Durante esta fase los ligamentos tienen una gran laxitud y los tendones una gran capacidad de elongación, hasta que se produzca el gateo que limitará estas capacidades. Se verán gestos típicos como la intección de llevar a la boca el dedo gordo o pataleo con los pies. En esta fase los niños no caminan, ni se aguantan en bipedestación sobre los dos pies, por tanto no se debe calzar a los preandantes, dado que solo se estará limitando la capacidad de estimulación de los receptores sensitivos presentes en las plantas de los pie. Por ello, en los primeros meses, se debe estimular que el niño conozca distintas texturas, sensanciones y superficies con las plantas de los pies, sin zapatos. No se debe tener miedo a que un niño gatee o camine descalzo, en absoluto. Esta estimulación es básica para que se genere una correcta conexión pie-cerebro. Se debe permitir a los pies descubrir el nuevo mundo como si de las manos se tratase.

Una vez el niño se mantiene erguido y comienza a dar sus primeros pasos, nos adentraremos en la fase denominada andante.  Esta fase puede ser más o menos tardía, según cada niño hay una variabilidad muy amplia, sin tener por qué ser nada preocupante. Por tanto no se debe comparar con otros niños de su misma edad. Una vez comienza el apoyo el pie sufrirá una serie de cambios estructurales y posicionales.

En esta etapa, es muy habitual que acudan a consultas familias preocupadas, por patologías menores que son fisiológicas en la mayoría de las ocasiones, pero que deben ser, de todos modos, objeto de examen. En esta etapa es habitual presentar pie con rotación interna, y en valgo, dando la impresión que el niño apoya demasiado la parte interna del pie. Durante este periodo, hay fases denominadas varoides y valgoides, donde encontraremos las piernas arqueadas hacia interno y externo, siendo completamente fisiológico en muchos casos. De todos modos, ante cualquier observación preocupante para los padres, en MG Clínica do pé animamos a preguntar a los profesionales, una revisión podológica se puede realizar desde el nacimiento, y en caso de que se esté instaurando una patología, el diagnóstico precoz es la clave de la curación.

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Durante el desarrollo, los niños experimentan dolores en distintas regiones de los miembros inferiores. En ocasiones se puede localizar asociada a la patología edema, inflamación o deformidad, pero otras ocasiones estos signos no tienen porque estar presentes, por tanto, es primordial prestar atención a posibles llantos acaecidos del dolor. En otras ocasiones será la cojera la que indique que algo anormal sucede en el niño, de hecho, muchos pueden cojear sin tener que experimentar dolor. Este es el caso, por ejemplo, de la enfermedad de Perthes.

Se debe evitar posiciones viciosas en los niños y los adolescentes. Controlar el calzado, optando por hormas anchas, que no modifiquen en ningún aspecto la morfología del pie, evitar calzado con arco ya instaurado en la palmilla del zapato. Evitar el uso de zapato de deporte cuando no se realice esta actividad. El desarrollo del pie ha de dejarse libre si no se experimentan alteraciones patológicas, y de presentarse el tratamiento debe ser personalizado, en ningún caso standard.

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